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“La cultura hace menos imperfecto al ser humano”

“¿Porqué más de dos tercios de la Humanidad no tiene acceso a escuchar una sinfonía de Beethoven?”, interroga el director.


Nace en el pueblo de Concentaina, en Alicante. Sus dotes como pedagogo, director y comunicador hacen que actualmente sea uno de los más valorados especialistas en el mundo de la dirección de orquestas de jóvenes. Coordina la Tecnicatura en Dirección de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles, en la Universidad Nacional de Avellaneda, en Buenos Aires, y forma parte del equipo docente del Programa de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles del Ministerio de Educación de la República Argentina.
Posee dos Licenciaturas, en Musicología y Comunicación, y un Doctorado Cum Laude -sobresaliente- en Didáctica de la Dirección Musical, en las Universidades de Salamanca y Las Palmas.
Al reflexionar sobre el papel del músico en la actualidad, García Vidal no vuela bajo y se pregunta “¿Qué significa ser músico en el siglo XXI? ¿Podemos aportar algo los músicos para que el mundo en el que vivimos sea más justo, más pacífico, más humano?”. Producto de esa inquietud, crea junto a alumnos y compañeros en todo el mundo, SENT-ME, locución que en valenciano, su lengua materna, tiene dos significados: “escúchame (con tu oído) y siénteme (con tu corazón)”. El SENT-ME Cocentaina es un Encuentro de Nuevas Tendencias en Música y Educación: “En su doble demanda, reclama que el músico del siglo XXI debe ser un ser humano integral, sensible a la realidad que le rodea y educado no sólo en la técnica instrumental”, opina el director.
El viernes 25, a las 21.30, Ignacio García Vidal dirige la Orquesta Sinfónica de Córdoba, en el Teatro del Libertador San Martín -Av. Vélez Sársfield 365- obras de Maurice Ravel y Amor brujo, de Manuel De Falla, con la participación de la cantaora Rocío Bazán. Las entradas van de los 80 a los 20 pesos, y se adquieren en la boletería del teatro. Antes de su arribo a nuestra ciudad, Clásica Córdoba dialogó con el notable músico que al tomar la batuta dirige mucho más que un concierto.

– ¿Qué puede hacer la música por la integración social?
– La música, como todas las artes, posee un gran potencial: hacernos reflexionar. La reflexión, individual y colectiva, es necesaria para mover el mundo hacia el camino de los derechos en igualdad, la inclusión y la integración. Mi primera reflexión, y que dejo abierta para sus lectores, es: ¿Por qué más de dos tercios de la Humanidad no tiene acceso a escuchar una sinfonía de Beethoven?

– Por tu experiencia de vida, has conocido esos pequeños escenarios en los que se siente frío cuando hace frío y calor cuando hace calor ¿Qué postales vienen a tu recuerdo…?
– He tenido y tengo el enorme privilegio de formar parte activa de proyectos de orquestas de jóvenes en muchos lugares, en donde no existe ninguna comodidad pero la música se abre camino con sonrisas, dignidad y perseverancia. Por acotar geográficamente, y hablar de una experiencia a la que estoy enormemente vinculado como pedagogo, lo que está sucediendo en la República Argentina gracias al Programa de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles para el Bicentenario del Ministerio de Educación de la Nación es sencillamente maravilloso. Casi 300 orquestas y coros con 25 mil niños y jóvenes argentinos están llenando cada día de música este país. La transformación social que está generando este Programa sólo se podrá entender dentro de varias generaciones.

– Sos un artista especialmente comprometido con el acercamiento de la música clásica a todos los públicos. Ese parece ser uno de los desafíos de estos tiempos. Por lo pronto ¿cómo se empieza?
– Se empieza creyendo apasionadamente que la educación, la cultura y el arte hacen del ser humano alguien menos imperfecto. Todo el mundo debería tener derecho y acceso a la cultura y el arte en igualdad de condiciones, sea cual sea su condición social o económica.

– La formación en musicología y la comunicación ¿ha favorecido tu interacción con el colectivo de individuos, diverso, que forman una orquesta?
– Sin duda. Trabajar con una orquesta sinfónica o una agrupación humana de similares características requiere de una gran diversidad de estrategias y herramientas de comunicación, así como de un gran conocimiento musical. Pero, sobre todo, esa relación demanda respeto, cariño y generosidad. Como cualquier otra relación humana.

– ¿Qué atributos debe reunir un joven que empieza a dirigir?

– Supongo que creer en lo que se hace sabiendo quién es uno, prepararse lo mejor posible, y ser valiente. El resto, como escribió Machado: “se hace camino al andar”.

– Has trabajado junto al maestro Daniel Barenboim ¿Qué nos puedes compartir de esa experiencia, y de tu observación sobre el hombre?

– He tenido el privilegio y el honor de ser invitado en varias ocasiones por la Fundación Barenboim-Said para compartir el trabajo de ensayos, conferencias y convivencia con la West Eastern Divan Orchestra en Sevilla junto al maestro Daniel Barenboim. También les he acompañado en Buenos Aires. La talla intelectual del maestro Barenboim cuando ensaya o explica te hace sentir muy chiquito, y, a la vez, reconfortado por poder aprender de un genio vivo, que pasará a la Historia por poner en beneficio de la Humanidad su arte. Barenboim es un ser humano excepcional a quien hay que considerar excepcionalmente.

– Maestro, ¿qué es dirigir?

– Técnicamente dirigir es anticipar por medio del gesto las tres cualidades que posee toda la música: tempo, carácter y matiz. Quien no anticipa la música y la sigue, baila. Es una linda carrera, se llama “Danza”. Pero dirigir supone un acto generoso de intercambio de información.

Ignacio García Vidal dirige a la Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española.

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