Cita Directa

El pasado musical de Córdoba

La música de Córdoba es materia de estudio en la Universidad Nacional de Córdoba.


El equipo de Musicología Histórica realizó un estudio sobre el pasado musical en Córdoba. El resultado fue plasmado en Tierra de nadie, un repertorio con músicas que se oían en Córdoba durante el Siglo XIX, casi desconocido para los oídos cordobeses de hoy en día.

El equipo siguió el rastro de uno de los aspectos de la actividad cultural de la ciudad mediterránea, desde el período colonial a siglo XIX. El grupo, que dirigido por Marisa Restiffo, estuvo formado por Cecilia Argüello; Rodrigo Balaguer; María Fernanda Escalante; Luciana Giron Sheridan; Evangelina Herrera; Lucas Reccitelli; Lucas Rojos; Julián S. D’Avila; y Leonardo Waisman.

La doctora en Artes con Especialidad en Música por la Universidad Nacional de Córdoba, Clarisa Pedrotti, integró ese grupo de Musicología Histórica. Al reconstruir los comienzos de este capítulo de la cultura local, la investigadora señala que el trabajo, realizado en archivos públicos, eclesiásticos y privados, hace un aporte sustancial a la constitución de nuestra identidad cultural. Ya en 1594, el jesuita Alonso Barzana habla de una natural vocación de los pueblos nativos, al decir en la Carta Anua: “Mucha gente de Córdoba es dada a cantar y bailar. Y después de haber trabajado y caminado todo el día, bailan y cantan en coros la mayor parte de la noche”. El proyecto de investigación contó con el apoyo de la Secretaría de Ciencias y Tecnología de la Universidad Nacional de Córdoba.

“Usamos el nombre Tierra de nadie ya que los documentos hallados, las partituras musicales, se encontraban dispersos y perdidos en distintos archivos y repositorios de la ciudad; algunas de ellas jamás habían sido ejecutadas. Sentimos que con este trabajo podemos hacer importantes aportes a la historia musical cordobesa, que hasta ahora venía siendo… tierra de nadie”, explica Clarisa Pedrotti.

Si bien la acción evangelizadora de los jesuitas introdujo en estos dominios españoles un procedimiento en el cultivo de la música escrita, sobre la base de la liturgia y en actos públicos, el autor de La cultura musical cordobesa, Rafael Moyano López, sostiene que “los primeros esfuerzos un tanto coordinados y perceptibles para incorporar a la cultura del medio las primera manifestaciones de vida musical” datan de la segunda mitad del siglo XIX”.

A propósito, Pedrotti comenta que el equipo de Musicología Histórica, que desde hace cinco años viene investigando esta materia, “hace dos años ha extendido el período de estudio de la música colonial al siglo XIX, por considerar que ciertas prácticas artísticas y musicales perviven después de los movimientos revolucionarios y de la Independencia”. “Las partituras que estamos relevando, comenta, pertenecen a archivos eclesiásticos, órdenes religiosas, y al Teatro del Libertador San Martín”.

En cuanto a las obras que compusieron el programa de Tierra de nadie, Pedrotti revela: “Con seguridad podemos decir que la música que seleccionamos para el concierto fue copiada en Córdoba. Puede haber sido compuesta aquí, pero tenemos la certeza de que fue copiada por copistas más o menos especializados, para su ejecución. Este hecho nos permite empezar a hablar de una práctica musical extendida en el ámbito urbano”.

Precisamente sobre la extensión de las prácticas musicales, la investigadora subraya la presencia de compositores europeos que trajeron en el siglo XIX “el gusto por las tradiciones compositivas y estéticas europeas a la periférica Córdoba”. Entre ellos, cabe mencionar a Inocente Cárcano, Gustav van Marcke y José Plasman, quienes dieron impulso al “afianzamiento de una práctica de enseñanza, circulación y difusión musical de los sectores burgueses y alto burgueses de la población”, añade Clarisa Pedrotti.

En cuanto a los escenarios a los cuales el público del siglo XIX asistía escuchar los conciertos, “podemos aventurar que el actual Teatro del Libertador San Martín puede haber sido uno de los principales escenarios, pero también el Teatro Progreso (estaba en la actual calle San Martín a la altura del 80, fue inaugurado el 15 de abril de 1887)”. Con relación a la música religiosa, “seguramente se ejecutó dentro de los templos o en los atrios, una práctica que pervive desde el período colonial”.

El equipo seleccionó las obras y se las propuso a los intérpretes, a saber: Marcela Benedetti y Evangelina Herrera (voces); María Fernanda Escalante Agüero, Gabriela Gregorat y Cecilia Moriscato, en piano; Mimí Waisbord, oboe y corno inglés; y Verónica Fernández, en cello.

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