Cita Directa

TEATRO DE TODOS LOS TIEMPOS

Teatro Rivera Indarte postal

El teatro con la marquesina, motivo de una postal del siglo XX


Corre el año 1891. A pocos metros del Cabildo de la Ciudad, se encuentra el Teatro Progreso, sobre la actual calle San Martín. Inaugurado en 1877, el Progreso está construido en el terreno donde hasta entonces se encontraba el precario, y único, teatro de la ciudad. Esta nueva sala, pronto se convierte en el destino de las compañías de zarzuela y de ópera de gira por Argentina, que pasan por la plácida ciudad monacal y doctoral que es Córdoba.

En 1887, un nuevo escenario abre el telón al entretenimiento de la población, pero está bastante alejado del centro de la ciudad. El Teatro Eden, conocido como “teatro nene” está en el próspero barrio conocido como Pueblo San Vicente. Ubicado en General Paz y Tablada, el modesto Teatro Argentino, construido en madera, de techo bajo, da inicio a un derrotero no muy relevante en 1889.


Teatro Rivera Indarte coloreado

En 1887, el Ejecutivo presenta a la Cámara de representantes la decisión de construir un nuevo teatro. “Simplemente, dotar al pueblo de un edificio de vastas dimensiones cuya construcción consulte las reglas más concretas de la arquitectura moderna”, dice el gobernador Marcos N. Juárez en su discurso. Juárez advierte que el Ejecutivo no se convertirá en “empresario”, por eso la administración del teatro estará a cargo de distintos particulares en sus años iniciales. Los empresarios Cayetano Tofonelli, Antonio Subirá, Luis Padilla y Pedro Caraccio se hacen cargo, sucesivamente, de los contratos y avatares de la vida de una sala teatral de proporciones.


Teatro Rivera Indarte postal a colores

La empresa Rivara y Cia. se hace cargo de la construcción del teatro. El arquitecto José Franceschi es designado para inspeccionar y dirigir la obra. El empresario Antonio Subirá acuerda con el gobierno un contrato para la construcción del piso de la platea, y provee de algunas decoraciones. El médico y artista plástico Arturo Piccinini está a cargo de la provisión de los muebles. Mediante un nuevo contrato entre el Ejecutivo y el empresario Antonio Subirá, el teatro cuenta con las decoraciones para poner en escena las óperas Mefistófeles, Aída y La Africana (… dos años antes de su apertura!).


Nembrini

El artista plástico Arturo Nembrini Gonzaga decoró los ambientes interiores y parapetos de los palcos; la pintura de Nembrini también decora el Banco de Córdoba. Otro adelanto, la iluminación eléctrica, fue una de empresa Teodoro Flandin; el teatro tenía usina propia.


Teatro Rivera Indarte

“A fines del 90, escribe Efrain U. Bischoff, el Teatro Nuevo, como se le designa en las publicaciones de la época, estaba concluido, pero lo actores no aparecían para inaugurarlo. Ante la disyuntiva de tener el teatro cerrado o facilitarlo para funciones con intervención de elementos locales, las autoridades se decidieron por lo segundo”.


teatro y un tranvía

El concierto inaugural del “Teatro Nuevo” contó con la actuación de artistas locales. Las pianistas Paulina López de Soria y Amelia López interpretaron las Danzas húngaras, de Brahms, tras los cual se presentaron otros solistas conjuntos de cámara. La función fue organizada por la Sociedad de Beneficencia. “Los diarios de la época anotan con indignación, cuenta Bischoff, que no faltó el grupo de jóvenes bromistas que cometiendo al retirarse algunos destrozos y dejando huellas de mal gusto…”.


Museo Cristóbal de Aguilar fachada con alero

A los pocos días de primera función, el teatro ofrece las primeras zarzuelas, como De Madrid a París, Las hijas de Eva, además de una interpretación de La Marsellesa, y La Gran Vía. Instituciones de fomento de la actividad musical en Córdoba, como la Sociedad de Beneficencia, la Academia Santa Cecilia, La Filarmónica y el Centro Musical, encuentran en el teatro un escenario en el desarrollo de sus ciclos de conciertos.

Entre luces y sombras, brillo y opacidad que se proyectan hasta nuestros días, el teatro sobrevivió los avatares del tiempo y las circunstancias. Fue y sigue siendo un escenario de contrastes; el 31 de marzo de 1918, la sala mayor dio cabida a la multitudinaria asamblea del Comité Pro Reforma Universitaria que aprueba la huelga general; así como años más tarde, la sala mayor, con el piso de la platea elevado a la altura del escenario, alberga una comida que se ofrece al presidente José Félix Uriburu, que derroca al presidente constitucional Hipólito Yrigoyen.


 

 

Sin comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.