Crónicas

El misterioso poder de Domenico Zipoli

“Los sacerdotes que la Compañía de Jesús envió a nuestras tierras a partir del siglo XVI, difundieron la música entre los indígenas, conocedores del misterioso poder que la música ejerce en el alma de los hombres y recurrieron a ella como irresistible argumento de evangelización”, revela el historiador Vicente Gesualdo en La música en Argentina durante del período colonial.

Estos misioneros músicos integraron una generación que sentó las bases de la música escrita en esta parte del mundo, entre ellos: Domenico Zipoli, Luis Berger, Antonio Sepp, Florián Paucke y Martín Schmid.

“A nivel de sus coetáneos más importantes -Vivaldi, los Scarlatti, Rameau, Couperin, J. S. Bach, Haendel-, el perfil de Domenico Zipoli se recorta con extraordinaria nitidez, casi diría con dureza. Pero tienen la fuerza, la originalidad y, consecuentemente, la sabrosa aspereza de la “fructa temprana“, como diría el Marqués de Santillana, de un músico de excepcional linaje. Su obra se yergue, sin desmedro, entre la de los grandes de su tiempo”, según opina el musicólogo uruguayo Lauro Ayestarán.

De Roma a Sevilla
“A las 7 de la noche del 16 de octubre de 1688, en los suburbios de la ciudad de Prato, Eugenia Varrochi, esposa de Sabatino Zipoli, daba a luz un niño que fue bautizado en la catedral al día siguiente, bajo el nombre de Domenico”, cuenta Lauro Ayestarán, musicólogo uruguayo, en un artículo acerca de la obra del compositor -Domenico Zipoli y el barroco musical sudamericano-, publicado por la Revista Musical Chilena.

Fue maestro en la capilla de música en la iglesia del Gesù, conocida como la iglesia madre de la Compañía de Jesús en Roma. El historiador Guillermo Furlong, en el libro Músicos argentinos durante la dominación hispánica, cuenta: “Le correspondían las siguientes obligaciones: componer música para las festividades religiosas, ejecutar el órgano y preparar y dirigir el coro”.

“En plena efervescencia creadora sobrevino en Zipoli una profunda vocación sacerdotal y misionera como lo demostró más adelante, y el máximo organista en la iglesia de los jesuitas en Roma se traslada a Sevilla y pide ser admitido entre los jesuitas que se disponía a pasar a América”, cuenta Furlong.

El 1 de junio de 1716, Domenico Zipoli ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús en Sevilla. Poco después, se embarcó en un largo viaje hacia la terra ignota conocida como el Nuevo Mundo. En Europa publicó un conjunto de piezas bajo el nombre de Sonata de intavolatura para órgano y címbalo.

Zipoli en Córdoba
Domenico Zípoli ejerció como organista en la iglesia de la Compañía de Jesús, que se erige en la esquina de Trejo y Caseros en el centro de la ciudad capital. “Enorme era la multitud de gentes que iba a nuestra iglesia con el deseo de oírle tocar hermosamente”, recuerda el padre jesuita Pedro Lozano, contemporáneo del organista y compositor.

En su artículo La música en Argentina durante el período colonial, Vicente Gesualdo, dice: “El grado de adelanto que habían alcanzado las misiones jesuíticas en el arte musical llegó a conocimiento del Papa Benedicto XIV, quien en la Encíclica del 19 de febrero de 1749, expresaba: “Tanto se ha extendido el uso del canto armónico o figurado, que aun en las misiones del Paraguay se ve establecido, porque teniendo aquellos nuevos fieles de América excelente índole y felices dotes naturales, así para la música vocal, como para tañer instrumentos y aprendiendo fácilmente todo los que pertenece al arte de la música. Tomaron ocasión de esto los misioneros, valiéndose de piadosos y devotos cánticos para reducirlos a la fe de Cristo, de suerte que actua1mente casi no hay diferencia alguna entre las misas y las vísperas de nuestros países y las que allí se cantan”.

Domenico Zipoli murió el 2 de enero de 1726, a los 37 años de edad. Habían pasado ocho años desde su llegada a los dominios españoles en América. Su tumba no ha sido hallada, aunque en el ingreso al cementerio de la estancia de Santa Catalina hay una placa que dice: “Domenico Zipoli / músico jesuita / murió aquí / 1726”.

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