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El centenario Debussy en Allegro HD

El próximo 25 de marzo, se cumple el 100° Aniversario de la muerte de Claude Debussy, compositor francés de vanguardia que logró fascinar audiencias al punto de ser uno de los músicos más programados hasta el día de hoy. Moderno y encantador, Debussy tiene un poder de seducción que sobresale entre sus contemporáneos, como los miembros de la “Trinidad Vienesa” que forman Schoenberg, Berg, y Webern.

Claude Debussy presentó un mundo exquisito, que unió a la naturaleza, la mitología, el tiempo y el color en una poética musical de gran imaginación.

El canal Allegro HD homenajea a Debussy con una programación que incluye intérpretes de excelencia, como Martha Argerich, Daniel Barenboim, Khatia Buniatishvili y la Orquesta Filarmónica de Berlín con dirección de Simon Rattle.

En esta entrevista realizada por la periodista Claudia Rojas, el musicólogo de Allegro HD y redactor de los subtítulos de la programación, Mario Guada brindan algunas claves y notas de color para acercar a los televidentes la figura de Debussy, su vida y su música, y disfrutar de su obra.

Claudia Rojas.– ¿Quién fue Claude Debussy como artista y cómo fue recibido en su tiempo?

Mario Guada.– Claude Debussy (1862-1918) fue uno de los más destacados compositores en la historia de la música Occidental, cuyas innovaciones armónicas tuvieron una profunda influencia en generaciones posteriores. Se apartó decisivamente del wagnerismo en su única ópera completa, Pelléas et Mélisande, y en su obra para piano -especialmente-, así como en sus composiciones orquestales, creando nuevos géneros y revelando una gama de timbres y colores que indicaban una estética musical absolutamente novedosa y tremendamente original. La obra de Debussy está ligada al impresionismo musical, término filosófico, estético y polémico tomado de la pintura francesa de finales del siglo XIX. Primero se usó para burlarse de Impresión, sol naciente, cuadro pintado por Monet en 1873, cuyo término se adoptó posteriormente para englobar la obra de artistas como Manet, Degas, Pissaro, Sisley, Renoir, Cézanne o Regnault. El impresionismo musical está, a su vez, muy ligado a la poesía simbolista de autores como Baudelaire, Mallarmé o Verlaine. Es necesario, pues, entender lo revolucionario de su arte, en un momento en el que el arte plástica se encaminaba hacia un proceso de cambio de absoluta profundidad, en cierta forma Debussy supo vislumbrar que lo mismo sucedería con la música.

Entre la obtención en 1883 del Prix de Rome, el premio de composición más importante del mundo en aquel momento, y la primera presentación de Pelléas, ninguna obra de Debussy tuvo un éxito en París suficiente para atraer la atención crítica. Las actuaciones en la Sociedad Nacional del Cuarteto de Cuerdas [1893] y el Prélude à l’après-midid’unfaune (1894) pasaron casi desapercibidas fuera de un pequeño círculo de amigos, y los Nocturnes apenas causaron revuelo en 1900 y 1901. Fue Pelléas lo que impulsó al compositor a la vanguardia, y dibujó sus primeras obras a su paso. Lyons celebró un festival virtual de Debussy, con dos conciertos de mélodies y algunas piezas para piano ante un público selecto, y esta fue también la primera ciudad fuera de París donde se presentó Pelléas (1908, con el teatro medio vacío). El año 1905 vio un aumento en la difusión de su trabajo, incluso se infiltró en el Conservatorio de París. La gente comenzó a hablar de debussysmey a denunciar a sus seguidores (Florent Schmitt, Grovlez, Séverac); un abismo cada vez más profundo formado entre sus seguidores –Marnold, Laloy y prontoVuillermoz– y sus detractores –incluido Pierre Lalo, que había defendido a Pelléas pero había rechazado a La mer–. Fuera de Francia, en la mayoría de los países donde predominaba la influencia austroalemana –no sólo Wagner–, varias de sus obras se escucharon antes de Pelléas: el Prélude se representó en Boston en 1902, en Berlín en 1903 y en Londres, Pavlovsk y Constantinopla en 1904; los primeros dos Nocturnes en Berlín y Boston en 1904, Oslo en 1906, Milán en 1907. Algunos directores desempeñaron un papel crucial en estas iniciativas, como Busoni en Berlín y Toscanini en Italia. Pero, como en Francia, fueron las puestas en escena de Pelléas las que primero hicieron famoso al compositor. De ninguna manera fueron siempre triunfos: después de un éxito inicial en Bruselas en 1907, la ópera fue recibida de manera relativamente favorable en Frankfurt, y mucho menos en Múnich y Berlín, donde el público no la comprendió; la recepción fue silenciada en Nueva York y Milán en 1908, una pobre recompensa a los esfuerzos de Toscanini; al año siguiente, después de un fiasco en Roma, Pelléas fue recibida en Londres con algo parecido al entusiasmo. En el Conservatorio de París, Olivier Messiaen se encargó de presentar la música de Debussy a una nueva generación de compositores franceses de posguerra. En un artículo de 1958, su alumno Pierre Boulez rechazó una noción cada vez más peyorativa del impresionismo, minimizó la importancia de Pelléas e insistió en la modernidad de La mer y sobre todo de Jeux, con su dispersión tímbrica en toda la orquesta y su concepción de «tiempo irreversible». Con Cézanne y Mallarmé, Debussy fue uno de los tres grandes pilares del modernismo francés.

C.R.– ¿Por qué se lo considera un compositor del siglo XX?

M.G.– Es difícil considerar si Debussy es un autor de pleno siglo XX o simplemente alguien que anticipó lo que estaría por llegar. Obviamente, en comparación con Schönberg y la Segunda Escuela de Viena, Debussy es un autor todavía anclado en el pasado, pero en comparación con lo que se estaba haciendo en gran parte de Europa en aquel momento, se ha visto en él a alguien que prefigura, como pocos, la modernidad musical, entendiendo ello todavía desde un prisma en el que la tonalidad no está dispuesta a transgredirse, al menos de forma completa e independiente. El desdibujamiento de las líneas melódicas, el tratamiento orquestal que tiene al timbre como premisa principal, el tratamiento armónico tan desarrollado, con el regreso a los modos arcaicos y una escritura acórdica compleja y desarrollada, además de una concepción musical que vaya más allá de la propia composición, pueden hacer de él un auténtico avant-garde del modernismo musical.

C.R.– ¿Hay algún momento, algún estreno en especial, que haya consagrado a Debussy como uno de los grandes compositores del siglo XX?

M.G.– Como se ha visto, la recepción en su momento de la música de Debussy se relacionó de forma exclusiva con su ópera y alguna de sus principales obras orquestales. Con el paso del tiempo, ha sabido verse en su música para piano y sus ballets, incluso en sus obras menos trascendentes, como las de tipo incidental, las canciones para voz y piano o su breve obra coral, el nutrido y fastuoso universo debussiano. En la programación de marzo se puede disfrutar desde su ópera, ejemplo absoluto de su unión con el simbolismo y se gran tratamiento orquestal, hasta obras menores, como su célebre Claro de luna, además de Jeux, una magnífica creación orquestal para acompañar un ballet. El momento que puede marcar la carrera de Debussy –al menos vista desde el prisma actual, con la historia como garantía– es el de El preludio a la siesta de un fauno, no por el éxito de la obra, que no lo tuvo, sino porque es considerada como la primera gran obra del siglo XX, aun siendo estrenada a finales del XIX. Por tanto, con ella se ha convenido en considerar que se inicia el siglo XX y la verdadera modernidad musical.

C.R.– ¿Cómo ha de ingresar un melómano a su mundo: por su obra pianística, su obra orquestal o sus óperas?

M.G.– Quizá lo más accesible auditivamente a la hora de acceder a la obra de Debussy sea su obra para piano, en la que se encuentra todo aquello que define su pensamiento creador, logrando transportar al oyente a un mundo sonoro rebosante de refinamiento, elegancia y ensoñación. El siguiente paso sería el salto a sus grandes obras orquestales, incluyendo sus ballets, que son ya el paso precedente para acceder al mundo del drama escénico, que en Pelléas et Melisande encuentra un universo tan rico, que es mejor acceder a él a través del resto de su obra. Por otro lado, en su obra pianística esta toda la esencia del Debussy impresionista, por lo que es un universo hermoso y que merece la pena descubrir de a pocos, pero sin pausa.

Todo su mundo interno se puede apreciar en su notable catálogo compositivo, jalonado por obras absolutamente atemporales en muchos de los géneros más importantes. Dentro del mundo escénico destaca Pelléas et Mélisande, su ópera con libreto de Maeterlinck estrenada en 1902; pero también algunos ballets, como Jeux [1912-13], e interesantes trabajos de música incidental. Pero es en la música orquestal y especialmente en la obra para piano donde todo se genio sale a relucir. Prélude à l’après-midi d’un faune [1891–94] es para muchos el cambio a la modernidad y el inicio de la contemporaneidad en música. Nocturnes [1897-99] o La mer [1903-05] son excepcionales ejemplos de sus dotes como orquestador, capaz de crear una atmósfera casi pictórica con obras de un colorido excepcional. Dentro de su catálogo pianístico sin duda destacan colecciones como Estampes [1903], Préludes I [1910], Préludes II [1911-13] o la célebre Suite Bergamasque [1905] –que contiene el bellísimo Claire de lune–, las cuales son valoradas por estudiosos e intérpretes como ejemplos del mejor pianismo del siglo XX.

C.R.– ¿Qué importancia tiene la identidad francesa de Debussy, cuán imprescindible es su consideración a la hora de pensar su identidad como artista y escuchar su música?

M.G.– Más que francesa, la identidad de Debussy ha de considerarse parisina, pues el concepto de impresionismo musical y su relación directa con el simbolismo es algo que se desarrolló de manera exclusiva en la ciudad de las luces. Dicho esto, a Debussy –al igual que a Ravel o Satie– se les reconoce como compositores franceses. Y este impresionismo musical, que resulta absolutamente reconocible al oído, se ha asumido como algo francés, aunque deba serlo parisino. De cualquier momento, es difícil encontrar en ellos un afán extraordinario por su patria o al menos por intentar legar a la música francesa un lenguaje puramente propio y avanzado. De cualquier manera, en varias de sus obras fueron demostrando su orgullo por ser franceses y especialmente por el patrimonio musical francés tan rico y apasionante –así como el artístico–, mucho de lo cual adquiere notables homenajes en algunas de sus composiciones.

C.R.– ¿Qué aspectos fundamentales de la música de Claude Debussy ha de percibir un oyente que se sienta a escuchar por primera vez su obra?

M.G.-En música, la asociación entre el impresionismo y la innovación fue efímera y casi restringida al ámbito parisino de Debussy y aquellos cuya música estaba influida por él, este es el caso de Maurice Ravel y Erik Satie –al que se puede considerar ya como un postimpresionista–. El intento de estos compositores de explorar el momento fugaz les llevó a buscar equivalentes musicales para el agua, las fuentes, la niebla, las nubes o la noche. Para transmitir un sentido del flujo inmaterial del tiempo utilizaron una serie de herramientas muy variadas y realmente particulares en su producción, con las que no enfatizar en nuevas realidades, sino en nuevas percepciones de dichas realidades. Como el propio Debussy explicó, el «encanto inesperado» de esta música no provenía tanto de los acordes ni de los timbres, que ya se encontraban en autores previos como John Field, Frédéric Chopin o Franz Liszt, sino en su puesta en escena, que consistía en «la elección rigurosa de lo que la precede y lo que la sigue». Por ello, la forma era el resultado de una sucesión de colores y ritmos; por tanto, describir la estética de Debussy como únicamente impresionista no es del todo exacto, ya que su noción de la linealidad musical era tan neoimpresionista como impresionista, y sus innovaciones musicales debían mucho a aquellos que le habían precedido. Para Debussy, la línea musical poseía una función decorativa más que expresiva; por ello evitó el desarrollo de melodías convencionales, fragmentando los temas en motivos cortos y usando figuraciones repetitivas que se acercaban mucho a las utilizadas por Liszt y el llamado Grupo de los Cinco. Su concepción de esta melodía, aunada con la textura casi etérea, consigue aportar un efecto de cuasi improvisación. El sugerir, no el mostrar se convirtió casi en un lema interno de este y otros autores impresionistas. Por eso su obra va más allá de una simple asociación entre imagen y música, pues exige que la propia música adquiera un carácter visual y pueda evocar imágenes y colores per se, concibiendo una forma y un tratamiento musical más libre que potencie la sensación de imprecisión y esbozo.

C.R.– ¿Según tu opinión, qué artistas de la programación de marzo de Allegro HD mejor representan su legado?

M.G.– Es difícil seleccionar uno solo de los artistas o los programas. Claro de luna es una obra totalmente definitoria del espíritu impresionista de Debussy y de su escritura musical, pero es tan breve que uno parece querer más. Para entrar de ello, aún con la complejidad que ello conlleva, nos encontramos con Pelléas et Mélisande, sin duda un apabullante que viene servido en nuestra programación por una versión de altura, con una puesta en escena que incide, además, en el poderoso mundo simbolista que tanta importancia tiene en la propia composición. Por su parte, Simon Rattle y la estratosférica Filarmónica de Berlín nos hacen llegar una magnífica versión de Jeux, una obra que con el paso de los años se van considerando un impresionante ejemplo del universo de Debussy.

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