Crónicas

Ensayo con gloria

Con funciones agotadas los días sábado y domingo, Martha Argerich accedió a un ensayo abierto la mañana del sábado. Esta función tuvo un fin benéfico.

La figura de una espiral humana se dibujó en el gran hall del Pabellón Argentina en la Ciudad Universitaria con el propósito de entrar a la Sala de las Américas, con capacidad para 1146 espectadores, para asistir al ensayo abierto de la Orquesta Sinfónica de Córdoba y la siempre descollante pianista argentina que vino por última vez a esta ciudad en 2004.

Entre el millar de personas se destacaba una gran cantidad de público joven. El ensayo abrió con una participación de la Orquesta Escuela Mediterránea, núcleo Córdoba, una agrupación patrocinada por la Fundación Pro Arte Córdoba.

La misma Argerich autorizó el ensayo abierto cuyo entrada general tuvo un costo muy menor al de los conciertos del sábado y domingo por la noche con entradas agotadas. El dinero recaudado fue al sustento de la Orquesta Escuela Mediterránea, iniciativa de inclusión social basada en El Sistema creado por el venezolano José Antonio Abreu. La coordinación general de la agrupación está a cargo de María José Patiño, quien repartió dulces y felicitaciones a cada uno de los chicos tras acompañar al destacado pianista Pablo Rocchietti. La dirección y orientación docente es del maestro Hadrian Avila Arzuza.

Los progresos de esta orquesta infantil son notables. La agrupación ganó en articulación y cohesión, mientras asoma una identidad propia. 

Después entró a escena la Orquesta Sinfónica de Córdoba. El concertino, Pablo López, llevó a cabo la afinación. La tensión por la espera de la brillante pianista argentina, que nació en 1941, entraba en su tramo final. El maestro Guillermo Becerra se condujo al podio con un cálido recibimiento de la sala.

El maestro Becerra se presentó en varias ocasiones como director invitado junto a la Orquesta Sinfónica de Córdoba y la Banda Sinfónica de la Provincia. El experimentado director le contó al público: “Cuando alguien me pregunta a qué me dedico le digo que en realidad yo no tengo un trabajo sino que tengo el privilegio de llegar al corazón de las personas mediante la música”.

“Nos vamos a abocar, entonces, a llegar a vuestros corazones”, dijo y dio paso al desarrollo del festival Franz Liszt con Los preludios.

La densidad por la aparición de Argerich creció un tanto más en la escala de la ansiedad del público. Antes, el pianista cubano, Mauricio Vallina, ejecutó una asombrosa interpretación de Totentanz, la inquietante obra para piano y orquesta conocida como una danza de la muerte. El público, muy entusiasmado con la actuación de Vallina, respondió con una ovación.

La espera llegaba a su fin. Para que todos pudieran distenderse antes del momento más esperado de la mañana, desde el escenario se anunció un intervalo de 15 minutos. Sin previo aviso, una relajada Martha Argerich apareció por la puerta que conecta el camarín con la Sala de las Américas. Se dirigió familiarmente hasta el piano y sentó en la butaca a calentar. Como una integrante más de la orquesta, ahí estaba ella, jugando sobre el teclado.

Martha Argerich despertó la ovación del público cordobés, esta vez con el Concierto N. 1 para piano y orquesta, incluido en el programa del ensayo general, salvo Leonore, el melodrama para recitante y piano con la actuación de Argerich y Annie Dutoit.

Con la misma sencillez con que ingresó a la sala, la figura mundial del piano se retiró de la escena. Ya había dado todo, había llegado a los corazones, como lo propuso el maestro Becerra.

Fotografía Clásica Córdoba.-

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