Crónicas

Gustavo van Marcke, un ilustre desconocido

“Gustavo van Marcke falleció al caer de la tarde, en la hora del Angelus, señalada por las campanas de las iglesias cordobesas, en el día 7 de septiembre de 1907, a los 78 años de edad y a los 51 de su permanencia en la ciudad de su adopción”, cuenta Manuel López Cepeda en su libro Gentes, Casas y Calles de Córdoba (Biffignandi, 1966).

Motivados por la curiosidad y saber el grado de reverencia de la ciudad a uno de sus más notables maestros de música, nos conducimos con el periodista Santiago Giordano al cementerio San Jerónimo, en Córdoba, siguiendo las coordenadas que Manuel López Cepeda formula en la obra citada: “El sepulcro se  sitúa en la intersección de los pasajes San Ignacio, San Juan Bosco y San Cayetano”.

Preguntamos a un empleado de la necrópolis sobre si conocía la existencia del sepulcro del músico, a lo cual el veterano enterrador respondió negativamente. Sin embargo, nos dio la certeza de la existencia de un sepulcro en ese punto.

Llegamos al lugar y comprobamos estar en el sitio correcto que el autor menciona en su libro. El vandalismo le ganó al paso del tiempo, por lo que el sepulcro muestra serios daños. Sin embargo, no lograron hacerle perder al monumento la magnificencia de su origen.   

El sepulcro del músicos ocupa un sitio destacado en el cementerio San Jerónimo

Con Santiago Giordano admiramos el desconsuelo de las musas de bronce oxidado que adornan el sepulcro. La lápida alguna vez tuvo una leyenda que ahora no está, porque sus letras de bronce fueron robadas.

Otro empleado se acerca a nosotros y nos pregunta si sabemos a quién corresponde la tumba. Le contamos que es la morada de un músico, que nació el 29 de agosto de 1829 en Bélgica. Que enseñó, formó familia y murió en Córdoba, siempre según el libro de López Cepeda que llevamos con nosotros como guía y prueba de la excursión.

Van Marcke estudió violín en la Real Academia de Bruselas, donde egresó en 1850 con medalla de oro. A los 28 años de edad, zarpó en una larga travesía hacia su destino en un lugar de sierras con un aire reparador llamado Córdoba, según le habían aconsejado. Antes de establecerse, pasó por Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires.

El sobrerelieve de Van Marcke sobrevivió al vandalismo.

Gustavo van Marcke se habría establecido en Córdoba en 1858. Por aquel entonces, la ciudad no contaba con un teatro para albergar un concierto en condiciones de comodidad para los músicos y el público y una acústica adecuada. Según algunas crónicas, había una precaria sala construida en madera sobre la calle del Cabildo, actual peatonal San Martín.

Para ganarse la vida, comenzó a dar clases particulares de violín y de piano. El músico gozaba del respeto y la estima de cierta parte de la sociedad cordobesa ya que no había demasiados maestros de música con la formación del belga. El músico contrajo matrimonio con Bernardina Argüello. El matrimonio tuvo  tres hijos: Julia y Gustavo, quienes murieron jóvenes, y Hanrietta.

Rafael Moyano López, autor del libro La Cultura Musical Cordobesa (Universidad Nacional de Córdoba, 1941 ), cuenta que Gustavo van Marcke participó en la fundación de dos instituciones  vinculadas a la historia de nuestro progreso artístico: la Academia de Música (1884) y el Instituto Nacional de Música (1886), actuando finalmente en la Academia Santa Cecilia como director los últimos años de su vida”.

Una nota periodística, publicada el 16 de octubre de 1915 en el diario Los Principios, da cuenta de un homenaje a Gustavo van Marcke realizado en el entonces llamado Teatro Rivera Indarte. Según la misma nota, van Marcke “inició durante varios años a nuestras generaciones femeninas en el culto de la música, conquistando sinceros aprecios en nuestra sociedad”. Esta nota de prensa ocupa un lugar destacado en la edición de ese día y tiene el valor de documental de incluir una fotografía del músico, quizá la única que hoy lo retrata.

Foto 1, retrato, diario Los Principios / Fotos 2 y 3,  Clásica Córdoba

1 Comentario

  1. Guillermo César PELLICER
    6 septiembre, 2018 at 5:01 pm — Responder

    Gracias Sergio, no conocía esta historia. En breve llega la noche de los museos y seguramente aprovechare para dar una vuelta por el San Jerónimo. Gracias a vos, podre saludar al colega van Marcke y presentarle mis respetos.
    Saludos

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