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Música de cámara y en familia

Santiago y Fernando Rojas Huespe, puntuales, llegan a un café del centro de Córdoba para hablar acerca de su regreso a un escenario muy preciado para ambos. Los hermanos vuelven a tocar juntos como dúo en Córdoba, después de 10 años, en la salas de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales -Córdoba-. La función abre el ciclo de Música de Cámara que organiza la Fundación Pro Arte Córdoba.

“Como hermanos nos llevamos muy bien, aunque tenemos nuestras diferencias e incluso alguna vez hemos tocado peleados. En el aspecto profesional compartimos las mismas ideas”, señala Santiago (1986).

“Buscamos que cada obra que vamos a tocar sea interpretada en su estilo, si bien no vivimos el tiempo histórico de su creación, cuando abordamos a Mozart queremos que tenga esa pureza cristaliza que lo caracteriza, o todo el temperamento puesto en una obra de Beethoven. Tenemos las mismas intenciones musicales en cuanto a refinamiento y elaboración”, agrega Fernando (1990).

Los hermanos comenzaron a estudiar prácticamente al mismo tiempo. El primero que empezó los estudios fue Santiago, a la edad de 10 años, con Norma Sevlever en el Método Suzuki. A raíz de las ocupaciones de sus padres, Fernando solía quedarse en la academia mientras su hermano estudiaba. Un día dijo que él también quería estudiar piano. Pero Norma Sevlever se opuso: “No, dos pianistas en la familia, no”, marcó la docente. La madre de los chicos, Evelina Huespe, coincidió con la profesora y animó a su hijo a elegir otro instrumento. Entonces, el niño descubrió el violín y empezó a tomar clases con Odina Lestani también en el Método Suzuki.

Evelina terminó sus estudios de piano en el Conservatorio Provincial Garzón. Después estudió medicina y se dedicó a ejercer como médica pediatra.

Esas tres mujeres -Evelina, Norma y Odina-, gravitaron en la forja del destino de los músicos Santiago y Fernando. Al tiempo, el primero se perfeccionó en piano con Jorge Fontenla, mientras que el segundo hizo lo propio en violín con Rafael Gintoli y Sebastian Masci.

En la familia Rojas Huespe hay otros miembros dedicados a las profesiones de la música. Noemí Abalo, madre de Evelina Huespe, era cantante pero debió resignar su carrera por oposición de su padre. Otros antecedentes en la familia fueron Luis Vidal, violinista en la Orquesta Estable del Teatro Colón, y Bernardo Consini, bandoneonista y compositor de tango.

El dúo Rojas Huespe abre el jueves 10 de mayo, a las 21, el ciclo de Música de Cámara que la Fundación Pro Arte Córdoba realiza paralelamente a sus conciertos de Abono, en la sala de avenida Vélez Sársfield 299. Mozart, Mendelssohn y Schubert están dentro del programa. 

Manos a las obras
La interpretación de una obra musical es un proceso que madura de a poco, coinciden los hermanos. En gran medida, esa maduración es el resultado de la observación y la escucha atenta en el contexto donde se hace música. En ese sentido, la experiencia de los hermanos Rojas Huespe en en la Universidad de Tel Aviv y en la Orquesta Filarmónica de Israel fue fundamental en su carrera artística.

“Todo lo que trasciende en Europa llega a Tel Aviv y el hecho de haber formado parte de la universidad y la orquesta nos dio la posibilidad de estar en contacto con ese mundo y con grandes talentos de la interpretación, directores y solistas”, admite Fernando.

Con relación a este concierto, Santiago cuenta: “Para empezar, tenemos la Sonata para violín y piano en Mi menor, de Wolfgang Amadeus Mozart, le sigue la Sonata en Fa mayor para violín y piano, de Felix Mendelssohn, y finaliza con la Sonata en La menor -Arpeggione- para viola y piano (originalmente escrita para chelo), de Franz Schubert.

Mozart fue una influencia para Mendelsshon y para Schubert, aunque estos últimos tomaron sus propios caminos. De modo que el programa, en líneas generales, está concebido con la esencia del Clasicismo.

“El programa comienza con la intensión de partir de una transparencia muy agradable al oído, un comienzo sereno, con la Sonata para violín y piano en Mi menor, de Wolfgang Amadeus Mozart“, comenta Fernando.

Después, la Sonata en Fa mayor para violín y piano, de Felix Mendelssohn, “es una sonata muy virtuosa y poco conocida, apenas la gente la escucha la ama”, asegura Santiago. El manuscrito de esta obra fue descubierto a mediados del XX por el violinista estadounidense Yehudi Menuhin. 

Para terminar, la sonata Arpeggione, que Franz Schubert compuso originalmente para chelo. Esta obra exige del intérprete Fernando Rojas Huespe un aliento más ya que será ocasión para que cambie de instrumento, de violín a viola, y ejecute una obra que originalmente fue escrita para chelo. 

“Desde el momento de tocarla, tengo que imaginar como si la estuviese tocando en un chelo, digamos, tratar de lograr la sonoridad profunda de ese instrumento, sin embargo a la vez debo meterme en el registro grave y dulce de la viola. Es una obra muy intensa, y presenta varios claro oscuros, por decirlo de alguna manera”, opina Fernando.

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