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Arte y oficio de adaptar las partituras

Estuvo empleado en los almacenes de una empresa multinacional. Fue cronista de espectáculos en el diario La Voz del Interior. Se graduó en Composición y trabajó como copista.

Actualmente se desempeña en el Archivo musical del Teatro  del Libertador San Martín. Se declara admirador del inmenso territorio sonoro argentino y latinoamericano, donde encuentra la materia prima para sus arreglos musicales.

“Yo trato de que la pieza suene bien, que tenga coherencia con la original, que no le plantee al instrumentista demasiados problemas técnicos y que el público la disfrute”, son las bases sobre las que Néstor Alderete apoya su trabajo como arreglador.

“Las músicas populares son mucho más abiertas, más sencillas, formal y melódicamente, y el público se las apropia de manera inmediata”, opina Alderete. A diferencia de la música creada por el compositor clásico o romántico, tal como hoy los conocemos, cuya música está escrita en la partitura para ser interpretada de una manera.

“El arreglador musical es un oficio que tiene su lado creativo y su incidencia en el mercado es muy importante”, sostiene Néstor Alderete. Un ejemplo elocuente de ello es el de George Martin, el célebre arreglista de The Beatles.


En materia de arreglos, la música argentina es la especialidad de Néstor Alderete.

La copistería fue la primera actividad que Alderete comenzó a realizar en el campo de la música -trabajó para los compositores Vicente Moncho y José Halac-.

Pero fue su ingreso al Archivo musical del Teatro del Libertador San Martín el hecho que intensificó el contacto de Alderete con intérpretes, compositores, directores y con las partituras.

Para Néstor Alderete, en el arte del arreglo hay que tomar posturas. El arreglador puede tratar a Mozart y plantearse si lo encara como lo haría Waldo de los Ríos, más contemporáneo, o si trata la partitura como el mismo Mozart lo haría. “Puedo incluir instrumentos que no existían, por ejemplo el saxo, puedo utilizar trombones, Mozart no utilizaba trombones en su obra sinfónica pero sí lo hacía en su obra sacra, bien, entonces saco los trombones pero sigo pensando que necesito ese registro y esa sonoridad, entonces, utilizo los cornos y así hasta tratar de lograr la sonoridad de otra época”, grafica el arreglista.

Capacidad de estar en el otro

Su primer trabajo importante como arreglador fue para el notable bandoneonista y compositor Rodolfo Mederos. La obra que reunió al compositor con el arreglador es Tres Movimientos Porteños para Banda, que nació a raíz de un encargo del maestro Daniel Schapiro.

Cuando Alderete recién terminaba el primer movimiento de la encomendada, el bandoneonista, dueño de un estilo hecho de raíces y buen gusto, lo llamó para avisarle que ya tenían fecha de entrega, por lo cual el arreglista debió imprimirle celeridad a su trabajo.

“Efectivamente, Tres Movimientos Porteños se estrenó en el Teatro Colón con la Banda Sinfónica de la ciudad de Buenos Aires, dirigida por Gerardo Gandini, para celebrar el Día de la Música”, recuerda el autor de los arreglos.

Entre los capítulos preferidos del historial de Néstor Alderete como arreglista está su trabajo para Egberto Gismonti, el músico brasileño capaz entablar un diálogo entre Stravinsky y la música del nordeste de Brasil.

“Tenga mucho cuidado porque Gismonti es un músico muy exigente”, le advirtió el maestro Roberto Farías, director de la Banda Sinfónica de la Provincia de Córdoba.

La primera devolución fue positiva, la segunda igual. En la tercera comunicación, el compositor Egberto Gismonti le encargó a Néstor Alderete nuevas adaptaciones para unas obras que estaban fuera del programa.

“Cuando Gismonti llegó a Córdoba, me abrazó como si fuéramos amigos de toda la vida, todo anduvo muy bien, tanto es así que después me invitó a trabajar con él para un concierto de música popular en Japón, donde tocada un repertorio para guitarra y otro para piano”, recuerda. Para eso, el arreglista se instaló en el departamento de Gismonti en Río de Janeiro y trabajó en el repertorio a la par de su admirado compositor.


“El mayor problema que el arreglador encara cuando empieza su trabajo es no entender la esencia de la obra”.

Al margen de la interpretación del sentido de una obra musical, uno de los condicionantes del arreglador es justamente responder a esta pregunta:  ¿Con qué recursos se cuenta?

“En el caso de una pieza para orquesta, el riesgo es tentarse a que suenen todos los instrumentos cuando en realidad el arreglador cuenta con un medio con muchas aristas, con muchísimos colores y posibilidades, lo cual favorece pero a la vez puede crear nuevos problemas al encarar un discurso en el tiempo”, comenta Alderete.

A raíz de una invitación del Cuarteto de Cuerdas Numen, una de las estrellas del firmamento de la música de cámara en Córdoba, Néstor Alderete y su agrupación, PuntoAr, ofrecerán un repertorio de música argentina el viernes 26 de octubre, en Cocina de Culturas.

El repertorio  incluye compositores de la nueva corriente de músicos argentinos, como Ezequiel Diz, el prolífico autor de música de cámara y sinfónica vinculada a la música clásica y el tango. Además, habrá un homenaje al compositor recientemente fallecido Mario Herrerías, pianista, compositor y también destacado arreglador musical.

Fotografías Clásica Córdoba

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