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La huella del Camino del Norte

Se trata del segundo movimiento de Imágenes del noroeste, un concierto para clarinete, corno inglés y banda, de Nicolás Mazza.

Hace poco, la Banda Sinfónica de la Provincia estrenó el arreglo para instrumentos de viento, percusión y coro, Pena penita, un huayno de Fede Díaz y Nicolás Mazza con letra del poeta Mateo Bruno. Ahora, la Banda Sinfónica Municipal de Córdoba aborda otra pieza del destacado compositor cordobés, que encuentra en el paisaje de origen los recursos suficientes para llevar al plano sinfónico lenguajes de la tradición popular.

Bailecitos de Agosto es el segundo movimiento del concierto de Mazza, que cuenta con la participación destacada de los solistas Nicolás Panatteri, en clarinete, y Sebastían Vallejo, en corno inglés. La dirección artística de la banda municipal de Córdoba es del maestro Pablo Almada.

Bellas melodías, expresadas con sencillez y ricamente instrumentas, recuperan una danza originada en la combinación de un baile de galanteo español algo pícaro con melodías prehispánicas andinas.

Camino al Cerro Rico

La destacada maestra y coreógrafa, Silvia Servini, aclaró en una reciente entrevista que «el Gato o Bailecito, como se lo llama en Tucumán, Córdoba y San Luis, son nombres usados para la mayoría de las danzas que se bailaban entre 1840, 1860 y 1900, tiempos en que el folclore argentino ya estaba definido».

El bailecito «es una de nuestras danzas más representativas, baile de campaña en toda la República», añadió la directora del Ballet Folklórico Nacional.

«A mediados del siglo XIX, (el bailecito) llegó desde Perú y Bolivia y se afincó en la Quebrada de Humahuaca y la región montañosa del norte de Salta», dice Rosita Barrera en su libro El folclore en la educación. «A fines del siglo XIX, el baileticto se proyecta hacia Santiago del Estero, Tafí (Tucumán), Belén (Catamarca), sur de Salta y engendra una deformación coreográfica en Santiago del Estero», agrega .

Esta danza se expande por el centro y oeste del país y desemboca en la provincia de Buenos Aires, como una rémora de la corriente cultural que durante mucho tiempo encauzó el intercambio de bienes, ideas y culturas entre esta parte del continente y el Cerro Rico de Potosí.

 

 

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