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La tradición es más fuerte

La expectativa -también la emoción- fue palpable en la jornada de música sinfónica, la primera del año para este formato instrumental que abrió la Orquesta Sinfónica de Córdoba.

La orquesta abrió la temporada de los elencos estables del Teatro del Libertador San Martín en otro escenario, luego de la declaración de una fisura en la estructura de hierro de la cúpula del coliseo proyectado por Francisco Tamburini, por lo que el teatro, inaugurado en 1891, está en tareas de conservación. A los avatares interpuestos en este inicio de temporada, se sumó un nuevo protocolo de ingreso, permanencia y egreso a un concierto.

En el hall de la Sala de las Américas, un puñado de público se reunió bastante tiempo antes del inicio de la función, la recomendación de asistir con antelación al evento es uno de los ejes de la nueva modalidad de participar de hechos artísticos. Entre el público había quienes alcanzan la distinguida categoría de “habitués” de la orquesta estable.

El público cumplió con las nuevas reglas de juego y asistió al concierto en buena medida; pese a que, de un momento a otro, la boletería tradicional que mantenía un contacto directo entre el teatro y el público dejó de funcionar. El impersonal, aunque efectivo servicio de venta Online, ocupó esa parte de la vida del teatro.

El personal de sala volvió a transitar los pasillos del patio de plateas con el usual ir y venir. El personal escenotécnico, por su lado, volvió a posicionarse en los flancos del escenario. Mientras el director del teatro, el maestro Hadrian Avila Arzuza, monitoreaba las acciones de un lado a otro del proscenio.

Puntual llegó el anuncio grabado de la sala para recordar algunas pautas de comportamiento en esta nueva era de consumo cultural. Lucía Luque, primer violín, afinó la orquesta estable del Libertador, el maestro Andrés Acosta entró a escena, tomó su lugar en el podio en calidad de invitado y la experiencia de la música orquestal en vivo comenzó vibrar después de un año de ausencia.

Todos los recursos humanos del Teatro del Libertador relacionados entre sí y cada uno en sus competencias, contribuyeron para hacer efectiva la necesidad de volver a escuchar música sin mediación de la tecnología.

En la primera cita, el teatro eligió un programa con el Adagio y fuga para cuerdas en Do menor, de Wolfgang Amadeus Mozart, entre medio el Nocturno para cuerdas y arpa, de Arnold Shöenberg, con una impecable labor de la arpista de la orquesta, Gabriela Russo, para cerrar con retorno al Clasicismo y la Sinfonía N. 29 en La Mayor, de Mozart.

Sergio Chalub

1 Comentario

  1. Jose Perez
    8 marzo, 2021 at 7:18 am — Responder

    Muy caras las entradas, y el sistema de venta no es el adecuado, ya que mucha gente no esta habituada a la compra online.

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