Cita Directa

Mozart y Chopin, según Tomás Azcárate

El pianista se presenta este jueves 15, a las 19, en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, avenida Vélez Sársfield 299.

La actuación del sobresaliente instrumentista es en el marco del ciclo de Música de Cámara, que la Fundación Pro Arte Córdoba organiza en ese auditorio. La entrada general tiene un valor 200 pesos, y de 100 pesos para estudiantes menores de 25 años.

Sensible, temperamental, resuelto y claro. Tomás Azcárate tiene 22 años de edad. Nació en Buenos Aires, sentó las bases de su formación musical en Viena y en Buenos Aires. En 2014 fue finalista del Concurso Internacional de Piano Île de France, y ganó el Premio María Rosa Oubiña de Castro, otorgado por el Centro de Estudios Pianísticos de Barcelona. A partir de 2015, el joven pianista en apariencia díscolo comenzó a transitar una destacada carrera internacional, mientras se perfecciona con Bruno Gelber.

A poco de hacer su presentación en esta ciudad, Tomás mantiene un diálogo con Clásica Córdoba. Sin temor en ir en busca del fondo de las obras, el pianista revela la esencia de su personalidad como artista.

– Mozart y Chopin son los dos compositores elegidos para esta actuación… ¿Porqué ellos dos?

Mozart y Chopin son los dos compositores que más he tocado hasta ahora. Mi primera sensación al elegir sus obras para un recital, es de cercanía. Al mismo tiempo, los dos tienen una relación con el piano muy particular e intensa, pero mucho más difícil de entender que la de otros compositores estilísticamente cercanos a ellos como Beethoven a Mozart o Liszt a Chopin. Es por esto que me resulta particularmente interesante ir al centro vital de sus obras, dejando de lado los estereotipos históricamente seguidos que impiden una conexión pura entre el compositor, el intérprete y el oyente.

– ¿Cómo podrías describir el temperamento, el carácter que tiene este programa?

Las obras que elegí, las cuales toco intercaladas (K331, Op. 49, K458, Op. 39), son todas obras mayores de sendos compositores. La Sonata en La Mayor de Mozart K331, sobre todo su último movimiento, debe ser sin duda la obra de música clásica más escuchada en la historia, junto con alguna parte de la Novena de Beethoven, hasta los celulares la tocan. Es mi deber y único interés como artista, hacer de este superclásico una nueva obra, por lo menos en algún mínimo aspecto, para quien la escucha. Por suerte, es posible. Personalmente, al primer movimiento lo considero una gema preciosa. Lo que me cautiva más, es la dinámica emocional que se muestra más y menos, de manera más superficial o íntima, organizada en variaciones basadas en un tema absolutamente simple, poderoso, abierto a nuevos desarrollos, pero circular al mismo tiempo. Conservar el estilo, respetar las puntillosas indicaciones de articulación típicas del clasicismo, transmitir los profundos sentimientos que Mozart imprime en esta sonata pero sin desenmascararlo, es un verdadero desafío. La K457 es otro mundo. Sin pelos en la lengua, en el primer compás de la sonata ya tenés sintetizado el grado de dramatismo operístico y oscuridad que va a haber. Me encantan las obras que me llevan a un extremo de la paleta de colores de un compositor. Este es uno de los casos.

La Fantasía Op. 49 es una obra que aprendí a los 16 con Pía Sebastiani. Ella estaba segura de que tenía que hacerla, y yo encantado porque ella quería que yo la hiciera. Hoy miro hacia atrás, veo la complejidad que tiene y pienso “evidentemente éramos dos locos”. La veo mucho como una vida contada, hecha música. Al mismo tiempo, es un contraste abismal con el Scherzo, el cual es fuego para mí. Me encanta. Sobre todo porque es de las pocas obras que saca la parte más desenfrenada de Chopin. Es un contraste viviente, absolutamente temperamental y puede ser hasta salvaje.

– ¿Te sentís atraído por algún repertorio en especial, te sentís identificado con algún compositor o corriente particularmente?

Musicalmente no tengo los mismos gustos o elecciones que pianística o profesionalmente. Si tengo que llevarme 3 compositores a una isla desierta, serían sin dudarlo Bach, Beethoven y Prokofiev. Al mismo tiempo, hay pocas obras que toco o tocaría de Bach, y encima, existen limites concretos en la grandeza de la interpretación de algunas, como las Variaciones Goldberg por Glenn Gould, que considero sagradas, o la Partita No. 2 por Martha. Creo que prefiero seguir en el mundo de los mortales y amar esas obras sin hacerlas algo más personal.

De cualquier forma, me identifico mucho con el periodo moderno. Prokofiev es simplemente deslumbrante. Me inspira mucho. Además, me incita a buscar la locura y el humor en todas las obras sin miedo, y eso es lo mejor que hay.

– ¿Cómo podrías describir tu manera de interpretar el piano?

Creo que la mejor forma de describirla, es tocando. Honestamente creo que es imposible delimitar qué es la forma personal de tocar cada uno, qué esta impuesto, qué fue incorporado a la fuerza, qué fue aprendido naturalmente y demás. Lo que sí diría en palabras, es que no soy políticamente correcto para tocar. Prefiero mil veces tener críticas buenas y críticas malas y generar algo constantemente en quien me escucha, que ser un ciego secuaz de las tradiciones y los ‘que dirán’ que nos separan de la esencia de la música que es lo que hoy en día más necesitamos.

– Estudias con Bruno Gelber, un músico admirado en Córdoba y que todos los años actúa en esta ciudad. Supongo que debe ser muy esclarecedor y profundo estudiar con el maestro, ¿Cuál es tu experiencia de estudio con el gran Bruno Gelber?

Bruno es un antes y un después en mi carrera. Me alegra también haber llegado a él a los 20 con conocimientos previos, porque me permite apreciar muchísimas cosas que creo que antes no hubiera valorado tanto, por una cuestión de madurez, y me sigue faltando mucho todavía. Ahora estoy tocando un poco más seguido, y no estoy viéndolo como siempre, pero es increíble como hoy mismo sigo teniendo clicks de cosas que me ha enseñado hace meses y meses.

Todo el mundo conoce su forma de tocar y sabe lo pasional y sincero que es con el piano, pero lo espectacular, es que me ha demostrado ser así en la vida también. Cada clase me significó el equivalente a veinte años de conservatorio, lo cual estoy feliz de haber dejado de lado por aprender de maestros como Bruno, o Pía. Es una excelente persona. Me ha ayudado en muchísimos aspectos, que me permitieron avanzar con el piano también. No todo es estudiar y tocar. Ha confiado en mí y ha puesto siempre todo de sí en cada clase, que realmente son lecciones de vida. Un privilegio absoluto aprender de él, yo lo quiero mucho.

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