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Poesía y paisaje en la música de Graciela Jiménez

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Nacida en Córdoba, vive desde hace varios años en Europa, donde desarrolla su carrera profesional / Fotos Clásica Córdoba
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La compositora y pianista estuvo en Córdoba, su ciudad natal, para presentar el disco “Graciela Jiménez: obras para piano solo y piano y chelo”. La tapa del disco muestra una postal típica del territorio argentino, uno de esos cerros moldeados por el viento en el noroeste del país.

En esa imagen está cifrada una parte de la sustancia que hay en música de Graciela Jiménez . La otra parte debe rastrearse en la poesía de Alejandra Pizarnik, Silvia Plath y Federico García Lorca.

La pianista, que formó parte del ensamble Proyección Sur y vive en España desde hace un largo tiempo, está habituada a componer sobre líneas melódicas asociadas a las músicas folklóricas en contextos muy diferentes.  

La ejecución de las obras para piano y chelo corre por cuenta de la pianista mendocina Dora De Marinis, una especialista en la música argentina para piano, y Matías Villafañe, violoncellista del cuarteto de cuerdas Luis Gianneo; con el que ha sido premiado por la Asociación de Críticos de Argentina como Mejor Conjunto de Cámara.

La obra de Graciela Jiménez es esencialmente poesía hecha música. Sus materiales de trabajo son los sentimientos humanos y la relación de los seres humanos con la naturaleza, más allá de las controversias del mundo circundante.

En ocasiones, puede apreciarse en la música de la compositora una inflexión en el tono que pasa de la claridad y la transparencia, como en “Tres piezas para piano”, a la complejidad y el hermetismo, como en “Mediterráneo I: Despertar”. En las creaciones de Graciela Jiménez hay un juego de luces y de sombras, calma y  agitación. Entre la melancolía y el lirismo, el hechizo de los silencios parece abrirle al oyente una puerta a la introspección.

– En su disco están muy presentes paisajes y sonoridades de Argentina ¿Ese sustrato emerge naturalmente en la composición o hay una búsqueda detrás de ello?

– Siento que emerge naturalmente… sí hay una búsqueda intensa de comunicar una emoción pero el sustrato es algo que se va generando, formando, “acumulando” en nuestro mundo interior y emerge, imagino, en función de lo que necesitemos comunicar, expresar.

– La figura de Federico García Lorca está presente en una obra suya… También pareciera que la compositora, Graciela Jiménez, es a la vez una intérprete de Lorca, de Pizarnik y de Anna Ajmátova.

– Lorca, Pizarnik y Ajmátova ponen en palabras lo que yo siento… Tengo la sensación de que son textos que me reflejan muy bien y que me acompañarán siempre.

– ¿Qué nos puede contar acerca de la relación con Dora De Marinis y Matías Villafañe?

– Dora De Marinis es una pianista especialista en Música Argentina con una destacada trayectoria. Tuve el privilegio de que se interesara en mi obra y la incluyera en sus giras europeas y americanas juntos a compositores como Alberto Ginastera o Carlos Guastavino. Surgió la idea, como una consecuencia natural, de grabar una selección de mi obra para piano y algo de cámara. Yo había grabado en 2012 el ciclo “La luz de enero”, obra vocal con textos de Federico García Lorca. Decidimos entonces hacer una versión instrumental para chelo y pensamos que Matías Villafañe, hijo de Dora e integrante del Cuarteto Gianneo, era el músico idóneo para grabar esta música.

– ¿ En qué momento de su carrera artística llega este nuevo disco?

– Estoy muy entusiasmada con el estreno de un monodrama que se hará este año: «Sasha: la palabra en la garganta», con texto de Arnoldo Liberman para mezzo-recitadora y grupo de cámara. Luego, grabaremos mi obra vocal para mezzo y piano que saldrá en 2020.  Aparte de esto, tengo algunas invitaciones para presentar el último disco. Digamos que estoy en un momento de mucha actividad y con una energía e ilusión como cuando empecé: como si fuera todo por primera vez.

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