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Richard Strauss, la obra delante del personaje

La Sinfónica de la Universidad Nacional de Córdoba, con dirección de Hadrian Avila Arzuza, y el solista Alex Klein, interpretan el Concierto para oboe, del compositor y director alemán. Entrada libre y gratuita.

El maestro Hadrian Avila Arzuza / Clásica Córdoba

La atmósfera de serenidad y transparencia de la pieza contrasta con el clima de época, en el cual el Concierto para oboe y pequeña orquesta, de Richard Strauss, vio la luz, en un contexto marcado por la escasez y los padecimientos que la segunda gran guerra europea provocó en todos los órdenes de la vida del compositor. 

«De mí siempre se esperan grandes ideas, grandes cosas, pero no puedo soportar la tragedia de este tiempo. Quiero repartir alegría», revela Strauss (1864-1949) al tratar de explicar la naturaleza del concierto.  

El próximo miércoles 16, a las 20,30, la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de Córdoba interpreta la pieza de Strauss, con la actuación del solista Alex Klein, reputado concertista y docente. El concierto es en la Sala de las Américas, Ciudad Universitaria, con entrada libre y gratuita.

Alex Klein es un destacado concertista y maestro de su instrumento. Cuenta con una sobresaliente trayectoria en ambas actividades. En 2002, obtiene el Premio Grammy como Mejor Solista Instrumental con Orquesta, por su grabación del Concierto para oboe de Strauss con la Orquesta Sinfónica de Chicago dirigida por Daniel Barenboim.

El repertorio también ofrece la obertura La gruta de Fingal, de Felix Mendelssohn, y Rapsodia Húngara N.2, de Franz Liszt. Un atractivo programa que dirige el maestro Hadrian Avila Arzuza, titular de la Sinfónica de la Universidad Nacional de Córdoba.

La pieza se estrenada en 1946 por el oboísta Marcel Saillet con la Orquesta Tonhalle, la más reconocida de Suiza, junto con la Suisse Romande, con la dirección a cargo de Volkmar Andreae, compositor y director de orquesta.

En la tapa de la partitura original, dice: «Concierto para oboe sugerido por un soldado americano». En realidad, se trata de John de Lancie, oboísta principal de la Orquesta Sinfónica de Pittsburgh. El músico y soldado conoce a Strauss cuando sirve en el ejército de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.

A diferencia de muchos intelectuales y artistas, que dejan Alemania cuando en 1933 el Partido Nacionalsocialista alcanza el poder político, Richard Strauss trabaja como director y compositor. De alguna manera, forma parte de la llamada Gleichschaltung (la «sincronización»), una suerte de ideal de Estado totalitario que pretende digitar el curso de la sociedad.

Strauss, además, acepta el cargo de presidente de la Reichmusikkammer (Cámara de Música del Reich). Sin embargo, Strauss no es miembro del Partido Nacionalsocialista y, en 1935, es despedido del organismo por esbozar una posición crítica hacia el régimen, en una carta al escritor Stefan Zweig.

«Para mi no hay más que dos categorías de seres humanos: los que tienen talento y los que no lo tienen, y para mi el pueblo no existe más que cuando se convierte en público. Puede ser chino, bávaro, neozelandés o berlinés, me es indiferente si ha pagado su entrada en la taquilla», Strauss afirma categóricamente a Zweig, autor del libreto de la ópera La mujer silenciosa con música de Strauss. 

Meses después del estreno de su concierto para oboe, Strauss es sometido a un juicio de desnazificación, como se conoce al proceso iniciado por los aliados para sancionar la conducta política de funcionarios y personas de influencia en el régimen nazi. Durante el proceso, testificaron en favor de Strauss perseguidos políticos que el compositor protegió. 

Sergio Chalub

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