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Un consuelo en el espanto

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Guillermo Pellicer dirige el Coro de Cámara de la Provincia en el ciclo que tiene lugar en la Iglesia de la Compañía de Jesús / Foto Clásica Córdoba

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“En un jardín sombreado esta santa mujer / con cadencia reverente y entonación sutil / como un cisne negro al avecinarse la muerte / esparcía su canción en perfecta calma: y en la margen del océano esta inocente virgen / construyó un órgano para ensanchar su plegaria, / y formidables sonidos de su gran instrumento / tronaron en el cielo de Roma”.

Con esos versos comienza el “Himno a Santa Cecilia”, uno de los frutos más notables en el campo de la música vocal del británico Benjamin Britten. El himno a la patrona de la música fue compuesto sobre un poema de W. H. Auden. A menudo, se ha dicho que esta pieza gira alrededor del patético escenario de la Segunda Guerra Mundial, aunque Britten consumó el tema, años más tarde, en el “Réquiem de Guerra”, en 1962.

La relación entre Britten y Auden fue compleja, un tanto turbulenta, pero a la vez muy productiva. Juntos llevaron a cabo varios proyectos como el ciclo de canciones orquestadas “Nuestro padres de caza” y “Canciones de cabaret”, también compartieron los mismos círculos intelectuales en Estados Unidos, como el GPO Film Unit con producciones que alcanzaron cierta popularidad, “Coal face” (1935) y “Night mail” (1936).

Antes de despedirse para siempre, Auden le confió a Britten el “Himno a Santa Cecilia”, último trabajo realizado por una sociedad creativa que jamás volverá a reunirse. El compositor dejó Estados Unidos en 1940 y terminó la obra en Inglaterra en 1942. Benjamin Britten nació 22 de noviembre de 1913 y murió el 4 de diciembre de 1976.

El Coro de Cámara de la Provincia interpreta “Himno a Santa Cecilia” este viernes 31 (mayo) a las 21, en la Iglesia de la Compañía de Jesús, Trejo esquina Caseros. El director, Guillermo Pellicer, refiere a la obra como un “un texto interesante y complicado, en el que Santa Cecilia se transforma en la Música en sí misma, tiene la inocencia de un niño, los músicos son representados como seres ingenuos, en un mundo de desolación y ruina, aludiendo a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945)”.

“Es una obra complicada vocalmente, en la que se requieren muchos y muy diversos matices, cambios de tempo, acentuaciones, creación de diferentes atmósferas”, describe el director.

Seis canciones

El programa del coro en su tradicional ciclo de conciertos en la Compañía de Jesús no cierra todavía. La otra parte del repertorio está dedicada a las seis piezas que componen las “Canciones de despedida”, de Charles Hubert Hastings Parry, compuesta sobre textos de distintos poetas en lengua inglesa.

“Estas canciones fueron escritas en 1916, durante la Primera Guerra Mundial, al saber el compositor que varios de sus alumnos en el Royal College of Music murieron en el frente de batalla”, cuenta Guillermo Pellicer.

Las canciones abordan el ansia de redención del alma humana, en un mundo golpeado por la injustica y el dolor. “Se cree que la selección de textos refleja el anhelo de escapar de la violencia de un mundo en guerra y de encontrar la paz en el reino celestial”, comenta Pellicer.

Una de ellas, “En los rincones imaginarios de la Tierra”, dice: “De tus almas, y a tus cuerpos diversos van, / Todos los que hizo el diluvio y el fuego se lanzarán, / Todos los que la guerra, la escasez, la edad, las edades, las tiranías, la desesperación, la ley, el azar, ha matado, y tú, cuyos ojos, mirarán a Dios, y nunca probarán el dolor de la muerte”. Charles Parry  nació el 27 de febrero de 1848 y murió el 7 de octubre de 1918.

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