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Un punto concurrente

Presentación del ciclo que semanalmente le pone música a distintos templos en Córdoba. Un dúo, un solista y una agrupación fueron los protagonistas de la nueva entrega. La música barroca atravesó el programa.

El programa del viernes (18 de octubre) abrió con un aria del Barroco para tenor y guitarra, luego se introdujo en ritmos de danzas populares que originalmente aparecieron en España durante ese período -una chacona y un pasacalle-, a cargo de una guitarra solista que también abordó música latinoamericana y, volvió casi por filiación a España para dar lugar al cierre del programa con un jovencísimo ensamble de música barroca.

De esta manera fue estructurado el concierto número 239 del ciclo “Encuentros musicales clásicos”, una extraordinaria iniciativa que desde hace unos años genera conciertos en iglesias de Córdoba, con el impulso de Ana María Ceballos, su principal promotora. A lo largo del año se presentaron agrupaciones corales e instrumentales de distinta naturaleza con programas atractivos y muchas veces puestos a prueba en recintos que, desde luego, no fueron concebidos para la realización de conciertos.

“Encuentros musicales clásicos” tiene todavía cinco presentaciones por delante antes de terminar la temporada 2019, durante la cual se presentaron más de 20 agrupaciones musicales.

El tenor Jonathan Fernández acompañado por el guitarrista Fernando Tadeo abrieron este nuevo encuentro en la imponente, aunque de difícil acústica, Parroquia María Auxiliadora, ubicada en avenida Colón y Rodríguez Peña. A ellos siguió el guitarrista chileno, Juan Carlos Coche Tapia, quien superó airosamente la ausencia del laud renacentista por la guitarra clásica, y trazó un claro panorama de sonoridades que incluyó el Renacimiento, el Barroco, y cerró con la “Fantasía sevillana”, del español Joaquín Turina. Fue el debut internacional del joven solista chileno.

Para terminar, la agrupación Barroca Under mostró solvencia para transmitir sus interpretaciones en un recinto que, como se dijo, pone a prueba la capacidad de los intérpretes para sortear el escollo de la fuerte reverberación del lugar. Sin perder gracia y precisión, el conjunto formado por un grupo de amigas y amigos, de entre  16 y 30 años de edad, según el detalle de uno de los integrantes, sumó una experiencia más a su promisoria carrera iniciada en 2018.

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